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Aaron Howeel estaba sentado tranquilamente en su camino. Mientras que algún otro niño normal de once años podría estar ahora creando batallas espaciales épicas con sus juguetes, este simplemente no tenía la energía para hacerlo. El Sol de la tarde se asomó por su ventana mientras miraba los juguetes que cubrían el suelo.

"De verdad que tienes que ordenar este desastre", la voz de su madre le hacía eco en su cabeza.

Sin hacer ruido, se puso de pie y procedió a mover todos los juguetes a su lugar. Cuando todo estaba limpio, tomó una foto de su mesita de noche con su mano derecha y cojeó devuelta a su cama.

La fotografía era de su madre, padre, y de él mismo, parados frente a la puerta de un parque de diversiones. Él sostenía una espada de gomaespuma en su mano izquierda y una caja de dulces en la otra. Su padre lo cargaba en sus hombros, vistiendo un sombrero de capitán, un parche en el ojo, y una torpe sonrisa decoraba su rostro. Su madre usaba una bandana roja con cráneos y un par de huesos en forma de cruz debajo de estos, cubriendo su cabello rubio rizado. Una sonrisa tan torpe como la del padre decoraba su rostro de oreja a orea. Aaron colocó la fotografía boca abajo. Había sido tomada hace ya casi dos meses.

Aaron se miró a sí mismo en el espejo en el armario de su habitación. Su corto cabello castaño, generalmente con pinchos, ahora se sentía plano. Una pesada gasa cubría su cuenca ocular izquierda. Una capa de vendas cubría los muñones al final de su antebrazo izquierdo y su rodilla izquierda.

Hubo un accidente de auto. Los doctores en el hospital le dijeron que habían hecho todo lo posible por mantener tantas partes unidas como pudieron. Le dijeron también que tanto él como su padre tuvieron mucha suerte de salir vivos de aquello. Su madre, sin embargo, no lo logró. Aaron se inclinó y arrojó la imagen al otro lado de la habitación, con el marco rebotando contra el espejo y haciendo un fuerte sonido. El ruido de las voces en la sala de estar cesó, y fue seguido por el sonido de pasos.

"¿Campeón?", Aaron pudo oír a su padre preguntar mientras este último lentamente entraba en la habitación. "¿Qué pasó aquí?"

"Vete...", murmuró Aaron. Su padre entró de todos modos, encontrándose la fotografía en el suelo y poniéndola de vuelta en su lugar en la mesita de noche antes de tomar asiento al final de la cama. Aaron se alejó tanto de su padre como las dimensiones de su cama le permitieron y se hizo bolita en una esquina. Cerró sus ojos y esperó que el intruso se fuera.

"Tienes visita, Aaron", dijo el Sr. Howell con un suspiro. "¿Te importaría si, al menos, la conoces?"

Aaron abrió los ojos delante de su padre para verlo mirando el suelo. Sus ojos estaban rojos e hinchados, y habían anillos muy oscuros debajo de ellos.

"Okey...", susurró. Su padre asintió y giró su cabeza hacia la puerta.

"Ya puede entrar ahora, Srta. Saker".

Aaron vio que una anciana que cargaba un gran maletín entró desde el pasillo. Vestía un traje azul oscuro y su cabello gris estaba recogido en un moño. Su piel, sonrosada, y su sonrisa suave le recordaban a su abuela. Ella se arrodilló lentamente hasta que estuvo a la altura de la vista del niño y colocó el maletín entre el pequeño y la cama.

"Hola, Aaron", dijo ella con una voz cálida. "Mi nombre es Srta. Saker. Es un gran placer conocerte". La anciana extendió su mano derecha. Por unos pocos momentos, Aaron la miró en silencio. Eventualmente, él extendió también lentamente su mano para aceptar el apretón.

"¿Eras amiga de mi madre?", él preguntó.

La Srta. Saker respondió con una pequeña risa antes de sacudir su cabeza.

"Me temo que no", respondió. "Trabajo para un hombre llamado Anderson. Tu tío contrato a mi jefe para hacerte un regalo muy especial, Aaron. Vine hoy para entregártelo. ¿Te gustaría verlo?"

Aaron miró el maletín. Inclinó su cabeza hacia un lado por un momento, imaginando qué podría ser. Luego de unos pocos segundos, asintió. La Srta. Saker entonces movió el maletín del suelo. Con un movimiento fluido, deshizo todos los broches y abrió la tapa, girando el maletín a Aaron con una cálida sonrisa. Acostados en la gomaespuma del maletín se encontraban lo que parecían ser una mano, una pierna, y un ojo.

"Wow..."

La boca de Aaron se abrió mientras se arrastraba hasta el borde de la cama para admirar el regalo más de cerca. Los tres objetos parecían estar hechos de algún tipo de plástico, con la mano y la pierna conteniendo uniones metálicas. Tanto la pierna como la mano estaban cubiertas de algún tipo de tela blanca. El ojo se veía perfectamente suave.

"¿El Tio James me regaló esto?", preguntó Aaron, mirando a su padre.

"Así es, campeón", dijo el Sr. Howell con una débil sonrisa. "Vas a estar como nuevo".

Aaron regresó su mirada a las piezas frente a él. Su boca continuó abierta por unos momentos más hasta que finalmente volvió a lograr tejer palabra, "Cool..."

"Podemos ponértelas ahora mismo, Aaron, si así lo quieres", continuó la Srta. Saker. "¿Te gustaría eso?"

Aaron volvió a mirar a su padre, a quien le asintió.

"¡Si, por favor!"

"Bien", sonrió la Srta. Saker. "Comencemos".

La Srta. Saker hizo a Aaron estirarse en la cama, y cuidadosamente le quitó las vendas de su brazo, ojo, y pierna. Colocó cada una de las piezas de plástico sobre la cama y luego roció cada área con algo que ardía.

"Esto va a ser muy, muy doloroso la primera vez, Aaron", advirtió la Srta. Saker. "Me temo que no hay forma de saltarse eso. Sin embargo, solo durará unos pocos minutos. Durante ese tiempo, quiero que cierres tu ojo derecho y pienses en algo que te haga muy, muy feliz. ¿Puedes hacer eso?"

Aaron asintió. Y mantuvo su ojo derecho cerrado tan fuertemente como pudo.

Sentado en los hombros de su padre, con una espada de pirata de gomaespuma en una mano y una caja de dulces en la otra. Su padre vestía un sombrero de capitán y un parche en el ojo. Su madre, viva, medio escondía su cabello rizado en una bandana roja con cráneos y un par de huesos en forma de cruz debajo de estos.

"¡Integrar!", dijo bruscamente la Srta. Saker. Inmediatamente después, el niño sintió miles de diminutos zarcillos calientes diseminándose por su brazo, pierna, y cuenca ocular. Dejó escapar un grito ensordecedor mientras estos zarcillos se enterraban cada vez más profundamente en su ser. Pudo sentir como se abrían paso a través de él, siendo cada segundo más doloroso que el anterior. Finalmente, dejaron de moverse. Todos los zarcillos se calentaron aún más, alcanzando tal intensidad que Aaron pensó que iba a prendérsele fuego.

"¡Basta!", gritaba mientras se retorcía en la cama. "¡Basta! ¡Basta! ¡Basta! ¡BASTA!"

Eventualmente, su voz se rindió, y Aaron cayó inconciente.


"Tardará algunas semanas en acostumbrarse a las partes nuevas", dijo con severidad la Srta. Saker al padre de Aaron. "La tela blanca en las nuevas pierna y brazo son especiales, y en un mes deberían terminar de hacer que su piel las cubra por completo. Ahora mismo, el iris de su nuevo ojo debe estar cambiando para que coincida perfectamente con su color de ojos natural. Tu hermanastro solicitó específicamente que Aaron tenga la experiencia más normal posible después de recibir estas prótesis, por lo que están programadas para que su fuerza coincida con las de extremidades naturales. Nada de super fuerza, nada de visión de rayos x".

La Srta. Saker miró a Aaron tendido en la cama. Su respirar era pesado y dormía ruidosamente.

"Estoy sorprendida de que saliera tan bien como salió", continuó la Srta. Saker. "Anderson usualmente no integra sus sistemas con materia biológica. Dicho esto, es posible que ocurran efectos secundarios de los que no sabemos nada..."

"Gracias, muchísimas gracias", interrumpió el Sr. Howell a la Srta. Saker a la vez que apretaba entusiastamente su mano. "No tienes idea de lo que esto significa para él".

"Oh, creería que si, Sr. Howell", dijo tan rápido como alejaba su mano de las del hombre. "Pero si alguien merece tu agradecimiento, ese sería tu hermanastro. Por lo que sé, esto le costó un ojo de la cara".

El Sr. Howell asintió, comprendiendo la situación. La Srta. Saker le entregó un gran paquete de papeles.

"Por favor, lea estos documentos a fondo", dijo ella. "Si tienes alguna pregunta, hay instrucciones sobre como contactar a mi empleador. No trates de encontrarnos. Las cosas funcionan mejor si somos nosotros los que vamos a ti".

Sin decir más palabra, la Srta. Saker se retiró de lugar, desvaneciéndose en la oscuridad de la noche.

El Sr. Howell entonces volvió a sentarse en la cama de Aaron, silenciosamente viendo su pecho crecer y decrecer. Luego de varios minutos, suavemente tomó la mano nueva de su hijo.

"Como nuevo".


Cuatro meses después de la integración, Aaron se encuentra sentado solo en la oscuridad que cubría una mesa en la cocina, vestido con su pijama. Un flujo constante de lágrimas goteaba de su ojo derecho. Agarraba con fuerza un sangriento cuchillo de carne en su mano mientras que cortaba su codo izquierdo.

"Quítate...", Aaron decía entre quejidos de dolor. "Quítate..."

"¿Qué mierd...", Aaron escuchó la confundida voz del Sr. Howell venir desde el pasillo. Las luces de la cocina se encendieron. Aaron vio como su padre se frotaba los ojos del sueño. Entonces, el Sr. Howell se dio cuenta del cuchillo de carne. Su boca se abrió mientras que simultáneamente su rostro perdía color.

"¡Dios santo!", gritó su padre mientras cruzaba rápidamente la cocina para quitarle el cuchillo de la man. "¡Por la mierda! ¿¡Qué mierda estabas haciendo!?"

Aaron podría jurar que solo ahora su padre se habría dado cuenta de la magnitud del daño. Lo que había empezado como una mano protésica, ahora cubría hasta su codo izquierdo. Su nueva pierna era ahora medio muslo también. Zarcillos de tela blanca rodeaban su ojo izquierdo. Aaron trató de alejarse, pero su padre lo abrazó fuertemente a la altura de sus hombros.

"¿Por qué?", preguntó el Sr. Howell.

"¡Déjame!", gritó Aaron con toda la fuerza de sus pulmones. Comenzó a retorcerse y a golpear en el pecho a su padre. El agarre no cedió.

"Aaron," su padre gritó entre los golpes. "¡No te vas a ir a ningún lado!"

"¡Suéltame!", Aaron gritó de nuevo, y mordió fuertemente el antebrazo de su padre. Este dejó escapar un grito de dolor y respondió con una gran bofetada en la cara de Aaron. La habitación se llenó de silencio.

"Lo siento mucho, mucho, de verdad, siento haber hecho eso, campeón", dijo abrazando ahora fuertemente a su hijo. "¿Pero que mierda estás haciendo? ¿Y por qué?"

Aaron permaneció quieto, y estrelló suavemente su rostro contra el pecho de su padre. Sintió los dedos de su padre inundarse entre sus cabellos. Luego, aspiró profundamente y comenzó a temblar violentamente mientras lloraba.

"¡No puedo soportar más estas cosas, papá!", dijo Aaron entre sollozos. "¡Por favor quítamelas! ¡No son yo!"

"¿Qué?"

"¡No se sienten como mías! Cada vez que las mueves, o abro mi ojo izquierdo, siento las cosas dentro de mi. ¡No se siente como si fuera yo! ¡Es como si hubieran pegado juntos y montón de juguetes rotos y ahora no se pudieran separar!"

Aaron levanta su brazo izquierdo.

"Corto, y corto, y corto, ¡pero solo se hacen más grandes! ¡Papá, por favor sácamelas!"

Aaron sintió que su padre apretaba el abrazo mientras comenzaba a balancearse de un lado a otro.

"Oh, campeón", dijo con un suspiro, "arreglaremos esto. Llamaré a la Srta. Saker de inmediato. Te pondrás como nuevo".


El Sr. Howell se sentó en su sillón favorito y, teléfono en mano, marcó el número telefónico que encontró en los documentos de la Srta. Saker. El teléfono sonó varias veces antes de cambiar su ruido a lo que parecía ser el de un antiguo módem de acceso telefónico. La llamada entonces se conectó.

"¿Sr. Howell?", dijo la voz de la Srta. Saker del otro lado, "¿Puedo ayudarlo en algo?"

"Tenemos un problema, Srta. Saker", susurró el Sr. Howell.

"Oh... no... ¿Cuál es el problema?"

"Aaron dice que puede sentir el movimiento de las prótesis dentro de él todo el tiempo", respondió el Sr. Howell. "Lo está volviendo loco. Se ha puesto tan mal que lo encontré tratando de cortarse el brazo. ¿Qué le pasa a mi hijo? ¿Qué demonios le hicieron?"

La Srta. Saker se quedó en silencio por unos pocos momentos. Howell eventualmente pudo oírla mascullar "Oh... dios..." en voz baja.

"¿Qué pasa? ¿Qué sucede?"

"Lo siento, Sr. Howell", comenzó a hablar la Srta. Saker, "pero la consciencia de tu hijo ha rechazado las prótesis".

"¿Qué mierda significa eso?"

"Normalmente, después de la integración, las prótesis se conectan al sistema nervioso", explicó la Srta. Saker. "En ese momento, la consciencia del sujeto es incapaz de diferenciar la prótesis de una extremidad natural. En el caso de Aaron, bueno, su consciencia reconoce activamente las partes como objetos extraños".

"Y... ¿Cómo se arregla eso?"

La Srta. Saker guardó silencio una vez más.

"No se puede. El problema no es la tecnología. El problema es Aaron".

"Dios, ¿puedes removérselas?", suplicó el Sr. Howell.

"Me temo que no", suspiró la Srta. Saker. "Lo componentes se integraron a su sistema nervioso central. No existe forma física de removerlas sin causarle daños graves al resto de Aaron".

El Sr. Howell se hundió en su silla. Mantuvo el teléfono lejos de sí mismo cuando cerró los ojos e hizo todo lo que estuvo a su alcance para evitar lanzarlo lejos. Mientras gimoteaba, pudo oír pasos en el pasillo. Sin siquiera mirar, pudo darse cuenta de que era Aaron entrando a la habitación.

"¿Sr. Howell?", preguntó la Srta. Saker. Su voz era apenas audible.

"Entonces, ¿eso es todo?", preguntó el Sr. Howell.

"No necesariamente", contestó la Srta. Saker. "Si le da el tiempo suficiente, el cuerpo de Aaron podría eventualmente sincronizarse con los nuevos componentes o..."

El Sr. Howell colgó, permitiendo que el teléfono cayera al suelo. Luego colocó su cabeza entre sus manos.

"¿Como nuevo, papá?"

El Sr. Howell puso una mano en el hombro de su hijo. Levanto su mirada para ver a Aaron sujetar su prótesis. Y asintió con la cabeza.

"Si, campeón", él dijo. "Como nuevo".


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