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Gerardo Ares dio dos pasos, e ingresó a SCP-006-L.

Por curiosidad, quizás. Por aburrimiento, también.

Los espejos devolvían su figura, de una manera extraña.

O quizás autosugestión.

Sentándose cerca del centro de la sala, leyó la famosa frase que se había hecho chiste en la Instalación-57. Era tan mala poesía...

Sintiéndose desvanecer, dejó paso a la visión y cayó con ojos abiertos, mirando el techo.


Ítem #: SCP-006-L

Clase de Objeto: Seguro

Procedimientos Especiales de Contención: El acceso a SCP-006-L está restringido al personal de acceso Nivel 3 o superior, o al personal autorizado por los mismos. La sala donde se ubica SCP-006-L debe estar cubierta completamente de forma que ninguna superficie reflectora sea visible, preferentemente con sábanas color negro para facilitar su remoción de ser necesario. El conocimiento de SCP-006-L no requiere de censura o expungamiento, pero los registros relacionados con los efectos anómalos en humanos causados por SCP-006-L deberían ser vigilados estrictamente para prevenir filtraciones de posible información confidencial.

Descripción: SCP-006-L es una alucinación relacionada al sueño. Al dormirse, el sujeto comienza a experimentar pesadillas.

Por alguna razón, la sencilla frase que acababa de leer causaba terror al joven Gerardo, sentado en su oficina durante la noche. Eran las 4:03, y ya eran seis horas hace que debería haber dormido. ¿Porqué no se había acostado?.

SCP-006-L debe ser destruido lo antes posible. SCP-006-L es conocido en la Fundación por causar desastrosas explosiones, y rupturas de contención. SCP-006-L es la pesadilla, y un sufrimiento sin par. Si observas a SCP-006-L, despierta.

El miedo asaltó el cuerpo de Gerardo, con un conocimiento repentino que estaba siendo afectado por SCP-006-L, y que debía despertar.

Una mano repentinamente apareció en el monitor, hecha en carácteres ASCII. La palma estaba mirando fuera, y una sutura la cubría. De pronto, la mano comenzó a salir de la pantalla, trayendo consigo errores visuales. La sutura se abrió, revelando un ojo con una pupila negra, mirándolo fijamente... Debía escapar.

Quizá era ya demasiado tarde.

...

Sin embargo, una luz desconocida llenó sus ojos por un segundo, y le pareció distinguir una figura entre la luz. La luz se desvaneció de pronto, y al lado suyo estaba Smirk, mirándolo horrorizado. Era la primera vez que veía a tan ácido doctor con una expresión que no fuera sonrisa sardónica.

- ¿Gera? Despierta, por favor - Dijo Smirk, con el tono de un viejo amigo desesperado.

- Estoy aquí, sólo me había atacado cero-cero-seis-ele. - Respondió Gerardo extrañado.

- Está ocurriendo algo extraño en el Ala-5. No sabemos qué es, pero está completamente aislada, y Yerko está atrapado dentro. Necesito tu ayuda.

El aún diezmado por la sorpresa investigador se levantó, e ignorando a Smirk, corrió hacia el Ala-5. Era un largo camino, uno desgarrador. La muerte rozaba sus pies, y las paredes crujían con sus pasos - Tenía miedo. Terrible y espantoso miedo.

Se lanzó dentro de una puerta, marcada "Ala-5". Debería haber estado bloqueada, pero entró de todas formas. Lo esperaba una figura encapuchada, con una sutura atravesando su cara.

La sutura se abrió, revelando un ojo con una pupila negra, mirándolo fijamente. Se escuchaba el ruido de un aparato reuniendo energía.

Se quitó su capucha, revelando los cinco dedos de una mano, de tamaño desproporcionado, en su cabeza.

- Ya es tarde. Nunca te duermas en el trabajo, Gerardo. Despierta.



Gerardo despertó, mirando fijamente a una luz cegadora. Al lado suyo, estaba Smirk, mirándolo horrorizado. Era la primera vez que veía a tan ácido doctor con una expresión que no fuera sonrisa sardónica.


- ¿Gera? Despierta, por favor - Dijo Smirk, con el tono de un viejo amigo desesperado.

- Estoy aquí, ¿Qué pasó? - Respondió Gerardo extrañado.

- Está ocurriendo algo extraño en el Ala-5. No sabemos qué es, pero está completamente aislada, y Yerko está atrapado dentro. Necesito tu ayuda.


El aún diezmado por la sorpresa investigador se levantó, e ignorando a Smirk, corrió hacia el Ala-5. Era un largo camino, uno desgarrador. La muerte rozaba sus pies, y las paredes crujían con sus pasos - Tenía miedo. Terrible y espantoso miedo.

Se lanzó a una puerta que leía "Ala-5" - Pero estaba cerrada.

Miedo. Miedo. Miedo.

No puede ser.

Se escuchaba el ruido de un aparato reuniendo energía, y las palabras resonaban su cabeza.

Ya es tarde.

La puerta se rompió, el fuego escapó. Gera cubrió su cara logrando detener un poco las llamas.

Pero no detuvo el futuro. Ya era tarde.

- ¡YERKO! - Gritó desesperado, aún cubierto de llamas.

Pero no detuvo el futuro. Ya era tarde.




Gerardo se levantó. No estaba muy quemado.

Corría cerca el desesperado Smirk - Es tarde, es tarde... ¿Porqué no despertabas...?

La morfina de la irrealidad suavizaba la mente de Gerardo. ¡Misericordia, misericordia!

El coro de la necrópolis cantaba, exhilarado.

El juez de los muertos había golpeado su martillo. Con la voz que había declarado la muerte de Pompeya, declaró que moriría la Instalación-57, con el mismo fuego que hubiera matado a Yerko.

Pero a Gerardo no le importaba.

Tenía un papel en la mano, medio quemado.

En él, un dibujo particular. Una mano, con la palma cruzada por una sutura.

La sutura estaba abierta, revelando un ojo con una pupila negra, mirándolo fijamente.

Debajo, una simple palabra.

"Gangstalkers".

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