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Agosto, 1970

Cuando la agente Josephine Creed se sentó debajo de un pino en el Parque Estatal Milo McIver de Oregon, se dio cuenta de que odiaba su asignación actual. Vestir ropa de civil durante una operación de campo era una cosa, pero lo tie-dye, los pantalones acampanados, y las flores trenzadas en su pelo la hacían querer golpear a alguien. Y luego golpearlo de nuevo. Suspiró y luego miró a su alrededor. El festival de música Vortex I estaba ocurriendo en las cercanías, llenando sus ojos y oídos con las vistas y sonidos que la escena local de rock and roll tenía para ofrecer.

"¿Qué mierda estoy haciendo aquí?", se preguntó a sí misma Creed.

Ella ya sabía la respuesta. Más de un año en el pasado, durante el Festival de Woodstock, varios anartistas causaron varios problemas. Desde ácido mezclado con compuestos que hacia que pudieras ver tus vidas en universos paralelos, hasta jabones que hacían que tu piel resplandeciera en varios colores en patrones tie-dye, todo el festival era un gran desorden lleno de brechas del velo. Al menos tres disturbios estallaron entre las actuaciones, y en una ocasión un escenario completo descendió hasta los infiernos, con la banda incluida y todo. Ciertamente ayudaba bastante que el uso de drogas corriera desenfrenado allí, y que las drogas elegidas afectaran la memoria, porque ya se habían administrado amnésicos suficientes como para borrar el recuerdo colectivo de una ciudad pequeña. Esta vez, sin embargo, La Fundación estaba preparada para lo peor. Docenas de agentes de campo como ella fueron esparcidos por todo el lugar, con aerosoles amnésicos y otros trucos bajo la manga, preparados para aplastar rápida y silenciosamente cualquier actividad anómala tan pronto como sucediera.

El sonido de un frenesí de aplausos y gritos rompió la reflexión de Creed. Mirando hacia arriba, vio como la Banda Eléctrica del Zoológico de Portland terminaba su actuación y se comenzaba a despejar el escenario para la siguiente presentación. Ella dio una que otra palmada mientras observaba a la multitud en busca de un contacto con el que se supone que se debería haber visto hace hora y media. Algún hippie llamado Phineas. Le habían dicho que él tenía los medios para permitirle a ella alterar literalmente la forma en que veía el universo. Cruzó sus dedos, esperando encontrar algo legítimo y no solo otro vendedor ambulante de sustancias registradas Clase-I.

"¿Eres Cherry?", la voz de un hombre se oyó detrás de Cherry. Girando su cabeza, su vista se encontró con la de un hombre grasiento con largos cabellos enmarañados, mirándola desde el otro lado del árbol. A pesar de que el resto de él estaba sucio, los dientes visibles en su sonrisa estaban impecables.

"Phineas, ¿no?", ella preguntó.

"Ese soy yo", continuó sonriendo. "Marco me dijo que estas buscando algunos suplementos especiales para mejorar tu experiencia del concierto. Dijo que pasaste su prueba".

"Claro que sí", respondió Creed con una sonrisa y se puso de pie. "Aunque no sabía que estaba a prueba en ese momento".

"Nadie nunca lo sabe", rió Phineas. "Eso es lo que la hace tan efectiva. Como sea, ¿estás lista?"

"Cuando tu lo estés", Creed giró una perla en específico en su brazalete, enviando una señal al Cuartel General de que ella estaba en proceso de, posiblemente, encontrar algo. Se escuchó un pequeño silbido mental en la parte posterior de su cabeza cuando el CG confirmó la recepción de su estado.

"Perfecto", Phineas entonces se dio la vuelta y comenzó a alejarse de la multitud. "Sígueme".

"Espera, ¿qué?", preguntó Creed. "¿Debemos irnos? ¿Por qué?"

"Este lugar está lleno de Trajes, hermana", Phineas comentó por encima de su hombro. "No soy tan estúpido como para traer algo aquí como si nada cuando Three Ports está a unos saltos de distancias. Vamos. Si no nos damos prisa no tendrás tiempo para ver el próximo show. Y lo necesitarás".

Los dos se abrieron camino entre las diversas multitudes, con algunas personas asintiendo con la cabeza a Phineas mientras pasaban. Poco después, llegaron al borde opuesto del claro, y Phineas la condujo hasta un abeto de Douglas. Se detuvo y asintió satisfactoriamente la cabeza mirando al árbol, y luego se dio la vuelta hacia Creed.

"Aquí es, Cherry", él dijo, "ya llegamos. Camina alrededor de este chico malo cinco veces en el sentido de las agujas del reloj y luego golpea el tronco siete veces".

"¿Por qué...?", alzó Creed una ceja, confundida.

"¿De verdad no sabes por qué?", comentó Phineas con una sonrisa. "Oh, viejo, va a ser tu primera vez. Te espera un regalo".

"¿De qué hablas?"

"Ya verás", rió Phineas entre dientes y le hizo un gesto para que siguiera adelante. "Sigue. Haz el paseito y el golpeteo".

Creed se encogió de hombros, suspiró, y luego procedió a hacer lo que le habían ordenado. Tan pronto como completó el séptimo golpe, sintió que el viento la sacudía a la vez que su visión se oscurecía, seguida de un blanco brillante. Creed parpadeó y se paró frente a una sombra tridimensional del árbol. El sol de verano había sido reemplazado por nubes grises y lluvia. Cuando recuperó el aliento, miró a su alrededor y se encontró a sí misma dentro de un gran parque, rodeado por los edificios de una gran ciudad. Se oyó un ruido sordo y Phineas apareció junto a ella.

"Bienvenida, hermana", dijo riendo, "a Three Portlands".

"¿Qué mier...?" fue todo lo que Creed pudo atinar decir en respuesta mientras giraba su cabeza en todas direcciones para ver los cambios en el lugar.

La ciudad en sí misma era enorme. Una mezcla de la arquitectura de la Costa Oeste, Costa Este, y Europa salpicaban el horizonte, dejando fluir debajo de sí las sombras de los edificios que ella reconoció como los de Portland. Una lluvia constante caía de un cielo nublado. No fue hasta una observación más profunda que pudo darse cuenta de que las gotas de lluvia cambiaban su forma en patrones psicodélicos a medida que caían, dándole al cielo una capa de color que hacía que la mente se doblara. Dentro del parque en el que se encontraban cientos de personas se congregaban alrededor de escenarios de madera donde se presentaban los hologramas de diversos shows de Vortex I, algunos de los cuales aún no habían ocurrido, y su música se impregnaba en el parque y la ciudad. A pesar de los múltiples espectáculos que se desarrollaban a la vez, sus sonidos no se mezclaban. Todo lo que necesitó ella fue concentrarse en la canción que quería escuchar para que el resto desapareciera de sus oídos. Creed retorció una perla diferente de su brazalete, una que indicaba el descubrimiento de un hallazgo anormal importante, pero nunca recibió el silbido mental que indicaba que el CG había recibido su señal.

"¿Dónde diablos estamos?"

"Como dije", respondió Phineas, "estamos en Three Portlands".

"¿Qué demonios es un Third Portland?"

"El espacio donde el Portland de Oregon, el Portland de Maine, y el Portland del Reino Unido se unen en un hermoso todo", Phineas explicó. "Piensa en esto como un tipo de... eh... dimensión alterna... una ciudad que existe fuera del mundo mundano. Una ciudad lejana. Aunque te aseguro que no siempre es así de bonito. Se detuvieron varias cosas por Vortex. Mierda, ojala hubieras visto la fiesta que se organizó por el Woodstock".

"¿Desde hace cuánto que existe esto?"

"Me mataste", se encogió de hombros Phineas. "¿Desde siempre, quizá?"

Creed miró a Phineas con la boca abierta. Tenía tantas preguntas, pero ninguna otra palabra logró brotar desde su garganta.

"Parece que necesitas un respiro, ¿eh?", sonrió Phineas. "¿Pero te importaría tomarte ese momento mientras caminamos? Mi apartamento está como a unas tres cuadras después de salir del parque".

"¿Vives aquí?"

"Es una ciudad... un montón de gente vive aquí. Todo tipo de gente, de hecho. Artistas, escritores, científicos, magos, músicos. Ya sabes. La gente cool. Oye, ya, en serio, tenemos que movernos...".

"B-Bueno... por supuesto...", Creed le hizo un gesto a Phineas para que la guiara. Sin un momento de retraso, la condujo fuera del parque hacia la ciudad propiamente dicha. A pesar de su distancia del parque, el ruido de la música de Vortex I sonaba como si aún estuvieran en el centro de todo.

A medida que los dos se abrían paso entre las multitudes en las calles de la ciudad, Creed se sentía cada vez más como un pececillo dentro de un tanque lleno de tiburones. A su alrededor, los anartistas compraban libremente suministros, la magia era usada sin pudor, y los anahumanos de todas las formas y tamaños vagaban sin miedo. El mundo anómalo inundó sus sentidos y temió que pronto pudieran detectaran su preocupación y saltar sobre ella como una avalancha. Pero su perdición nunca llegó, y lo único que saltó encima de Creed fue una que otra sonrisa ocasional de varios transeúntes y las risas de Phineas.

"Aquí estamos", eventualmente dijo Phineas, deteniéndose frente a un alto edificio de apartamentos cubierto por una gruesa capa de musgo y carteles de conciertos. "Hogar dulce hogar".

Creed fue llevada por unas escaleras hasta un apartamento tipo estudio. Dentro la gran mayoría del espacio se encontraba ocupado por bancos de trabajo cubiertos por una amplia gama de máquinas con mecanismos de relojería a medio terminar y varias esculturas y obras de arte. Platos sucios, tazas de té a medio tomar, tomos polvorientos y una impresionante cantidad de discos de vinilo llenaban los espacios intermedios.

"Espera...", Creed frunció el ceño. "Recuerdo haber oído de estas cosas. Un par de personas en el este las tenían como mascotas. Se las habían comprado a alguien llamado Tic Tock. Espera, ¿Tú eres Tick Tock?"

"En carne y hueso", respondió Phineas, sin dejar de hurgar dentro de sus cajones. "Tuve que dejar de hacer eso después de que los Trajes comenzarán a quemar gente por ellos. Aunque para ser justos, era un puto infierno hacerlos. Casi perdí los brazos una o dos veces. ¡Ajá!", sacó un pequeño gotero y lo sostuvo en alto.

"¿Es por eso que te mudaste aquí? ¿Por los Trajes?"

"Fue una de las razones, sí", se encogió de hombros Phineas. "Hasta donde yo sé, los trajes no saben nada de este lugar. No puedes ser arrestado por seguir tus sueños aquí. Además, si la cago aquí, la gente normal no saldrá lastimada. Es un trato bastante bueno en mi opinión".

Él le entrega el gotero a Creed. Ella lo examina cuidadosamente. El vidrio marrón oscuro tenía etiquetado la imagen de una paloma, y parecía estar lleno de arena.

"Se volverá líquido una vez que uses el gotero. Dos gotas en cada ojo. Verás todas las versiones posibles de cualquier actuación que estés viendo a la vez, yyyyyyyyy podrás comprenderlas también. Solo di las palabras "Piernas de Pollo" en voz alta cuando quieras que los efectos se detengan", sonrió Phineas, con sus impecables dientes iluminando el estudio. "Te esperan momentos alucinantes. Confía en mi, es la mejor forma de ver un concierto. Tendrás la oportunidad de escuchar todas las canciones".

Creed asintió y colocó el objeto en su bolsillo. Normalmente en este punto, ella sacaría su arma y realizaría el arresto, pero dada su situación actual, esta acción era imprudente.

"Gracias", dijo ella.

"No problemo, hermana", respondió. "Aunque es mejor que te muevas rápido si quieres ver el próximo espectáculo. Puedes salir por donde entramos. Solo golpea siete veces y luego cinco vueltas en sentido antihorario alrededor del árbol".

"¿No vendrás?"

"Tengo que buscar unas cosas más antes de regresar al mundo real. Estarás bien. Si necesitas ayuda, solo pídesela a alguien en el parque. Ellos sabrán como ayudarte".

"Gracias por todo entonces...", asintió Creed. "Este lugar es bastante groovie. Probablemente vuelva más temprano que tarde".

"Nadie se va por mucho tiempo. Disfruta del espectáculo, Cherry".

Sin decir una palabra más, Creed se encontró de nuevo en las calles de la ciudad. La lluvia sicodélica aún caía sobre las cabezas de los ocupados transeúntes. Ella hacía todo lo posible por evitar volver corriendo a la salida. Este iba a ser el mayor descubrimiento de La Fundación desde la Biblioteca Errante. Pero permaneció calmada y serena mientras desaparecía entre el flujo de tráfico peatonal, resurgiendo en las fronteras del parque. Allí, un hombre con un gran abrigo marrón estaba esperando que llegara. Los ojos de Creed se ensancharon cuando sonrió y asintió con la cabeza hacia ella.

"Oyeeeeeeee, skipper", él dijo, y comenzó a buscar algo en su abrigo.

Creed no esperó a ver que iba a sacar, eligiendo en su lugar sacar una pistola que tenía oculta y disparar una bala antes de ser ella la que caiga en la calle. Mirando muy por encima pudo darse cuenta de que falló su disparo, dándole al árbol en el parque, mientras que la multitud de asistentes en el concierto gritaba confundida por el sonido del disparo. El hombre del gran abrigo había saltado a un lado, y ahora se ponía de pie para perseguirla.

Ella zigzagueó por las calles llenas de gente, teniendo como plan volver a entrar en el parque por el otro lado, y luego cortar camino hacia el árbol que contenía su salida. Tan pronto como dobló por la esquina, otro hombre con un gran abrigo marrón saltó hacia ella desde una puerta. Creed lo agarró por la solapa y, aprovechando la fuerza de su salto, lo giró y arrojó contra el carro de un vendedor ambulante de flores que se encontraba cerca. Mientras se estrellaba contra el carro, los pétalos de las flores se convirtieron en colibríes y salieron volando. Creed había mirado fijamente a las diminutas criaturas maravillada, pero no tenía tiempo así que inmediatamente partió corriendo a toda velocidad calle abajo hacia un tranvía, con el primer hombre siguiéndola de cerca. Con su último estallido de velocidad, Creed saltó en la plataforma trasera del tranvía y subió a bordo.

"¡Oye!", gritó el asistente mientras se abría paso entre los vagones llenos de gente. "Oye, necesitas un boleto para viajar, no puedes simplemente saltar y-"

Creed le apuntó con el cañón de su pistola y el hombre se quedó callado y levantó las manos en señal de rendición.

"Disfruta de tu paseo...", dijo él con una sonrisa nerviosa, y se apartó del camino de Creed mientras se hacía camino hasta el vagón delantero. Se oyó un ruido sordo cuando uno de los hombres de los abrigos largos saltó a bordo.

"Abre la puerta", dijo ella al conductor, mostrando su pistola.

"Señorita, no puedo hacer eso mientras estamos en movimiento", respondió el conductor, mirando con sus ojos el arma de Creed y luego las vías adelante. "Si esperas a que me detenga, podré abrirte l-"

Clic. Creed golpeó la puerta con el mango de su pistola.

"¡Abre la puerta!"

El conductor asintió y tiró de la palanca. Creed rápidamente saltó del vagón, dando tumbos al golpear el pavimento para evitar más complicaciones en su aterrizaje. Saludó al hombre del abrigo mientras el tranvía continuaba su camino. Levantándose, corrió por última vez hacia el árbol de sombra que le esperaba en el parque.

Bang. "¡Uno!"
Bang. "¡Dos!"
Bang. "¡Tres!"
Bang. "¡Cuatro!"
Bang. "¡Cinco!"
Bang. "¡Seis!"
Bang. "¡Siete!"

Luego procedió a hacer los círculos en sentido antihorario alrededor del árbol, apenas completando la cuarta vuelta cuando es atacada por detrás y lanzada contra la hierba húmeda del parque.

"¡Maldita sea, skipper!". Una voz familiar le gritó. "¡Estamos de tu lado!"

Una placa fue presionada contra su rostro.

Agente Fredrick Gibson
Buro Federal de Investigación
Unidad de Incidentes Inusuales
División de Three Portlands

"UII...", murmuró Creed. "¿Es una broma? ¿Eres de la UII?"

Ella entonces comenzó a reír. El hombre le ayudó a ponerse de pie y le esposó los brazos a la espalda cuando su compañero llegó y mostró su insignia a la multitud de asistentes que se habían congregado para ver la escena.

"Agente Tobias Wood. UII. Muévanse", él dijo. Con murmullos y encogimientos de hombros, la multitud pronto de dispersó.

"Vale. Vamos a algún lugar más privado", dijo el Agente Gibson. Wood asintió y pronto Creed se vio conducida hasta un pequeño claro lejos de los escenarios donde una mesa de picnic abandonada los esperaba. Ella se sentó y miró a sus dos nuevos amigos.

"Debo admitir que encontrar UIInútiles aquí es la sorpresa más grande de mi día", comentó Creed, rompiendo el silencio.

"¿Podrías dejar de decirnos así?", respondió Wood frunciendo el ceño. "Para empezar, fuimos capaces de capturar tu escuálido trasero".

"Me parece un buen mérito", se encogió de hombros Creed. "¿Desde hace cuánto que saben ustedes de este lugar?"

"El Gobierno Federal ha operado aquí desde la era Hoover", respondió Wood. "Les daría la bienvenida a la fiesta, pero las chicas ya asaltaron el pastel y cada una se llevó su trozo".

"Qué tierno", dijo Creed. "¿Y nunca nos dijeron sobre una potencial violación masiva del Velo porque...?"

"No era necesario", respondió Gibson. "El hecho de que La Fundación recién se esté enterando de este lugar debería decirte qué tan autónomo es. En general, este sitio opera bajo las reglas de Las Vegas. Lo que pasa en Three Portlands se queda en Three Portlands".

"Y, ¿Qué? ¿Me están deteniendo?", Creed levantó una de sus cejas mientras hacia un gesto con su cabeza hacia sus brazos aún esposados. "¿Están preparados para las consecuencias de este tipo de acción?"

"Es más bien callarte que detenerte", Wood rió entre dientes. "Hemos tenido planeado un protocolo para este exacto escenario desde mediados de los años 60, cuando la cantidad de Carros y Latas en el Noroeste del Pacífico comenzó a aumentar. Ahora mismo nuestro Director probablemente esté hablando por teléfono con una de sus grandes pelucas. Diciéndoles qué es qué".

"Oh, ¿Ustedes van a decirnos cómo son las cosas? ¿Y por qué iríamos a escucharlos?"

"Porque si no lo hacen y tratan este lugar como cualquier otro harán de su trabajo infinitamente más difícil", comentó Gibson.

"No entiendo".

"¿Alguna vez te has preguntado por qué el Noroeste del Pacífico es mucho más tranquilo que las demás secciones de los Estados Unidos en cuanto a lo extraño y misterioso?", suspiró Gibson. "Es porque la mayoría de la actividad es desviada hasta aquí. No hay necesidad de arriesgarnos a tener magia peligrosa y ciencia loca en el mundo real si podemos mudarla toda a un lugar donde la práctica abierta es legal y está dentro de las normas. Si ustedes entran aquí y tratan de contener cosas, toda la actividad se va a derramar fuera nuevamente. Te lo garantizo. Solo harán de su trabajo algo más difícil".

El Agente Wood se llevó dos dedos a una oreja, luego miró su reloj, y le dio un par de golpecitos. Gibson asintió y le quitó las esposas a Creed. La agente de La Fundación se frotó las muñecas mientras miraba a los agentes de la UII alejarse.

"Listo, ya fue suficiente estancamiento; se ha hecho contacto", respondió Wood. "Vas a ir a disfrutar el resto del Vortex, ¿No, skipper? Trata de ver la Escalera de Jacob si puedes. Son medio decentes".

Creed vio a Wood y Gibson mientras desaparecían entre la multitud dentro del parque. Suspiró y se levantó, caminando de regreso a la sombra del árbol donde ella y Phineas habían entrado. Como se le indicó, golpeó siete veces el tronco, y luego hizo cinco círculos alrededor del árbol en sentido antihorario. Sintió que el viento se sacudía de nuevo, mientras su visión se volvía blanca, y luego esta se desvanecía en negro.

Cuando sus sentidos regresaron a ella, estaba de pie bajo el cálido Sol de verano, cerca del gran abeto de Douglas en el Parque Estatal Milo McIver. Sus compañeros agentes de campo de La Fundación la rodearon, cada uno con una expresión de preocupación.

"¿Creed? ¿Qué pasó?", preguntó el Agente Stuart, quitándose las gafas pintadas de rosa del rostro mientras la examinaba en busca de heridas.

"Te encontraste tu sola con una anomalía importante. ¿Está todo bien? ¿Dónde está la anomalía?", preguntó la Agente Philips. Ella puso su mano sobre su lata de aerosol amnésico a la vez que mantenía un ojo sobre la multitud.

"¡Te habías desvanecido por completo! ¿A dónde carajos te habías ido?", preguntó el Agente Ferrell. Su cabeza se balanceaba hacia adelante y atrás mientras miraba alrededor del árbol, como si un gran descubrimiento se escondiera detrás de este.

Ella levantó un dedo cuando recuperó el aliento.

"Informe", Creed finalmente logró decir. "Necesito un informe. ¡Ahora!"


Noviembre, 1971

Los días soleados en Three Portlands eran pocos y lejanos. Desde la lluvia torrencial a un simple nublado, el azul puro del cielo rara vez se hacía visible para los residentes de la ciudad. Aún más raro, sin embargo, era que el cielo despejado dejara ver un atardecer, con el Sol desvaneciéndose en el horizonte a la vez que pintaba el lienzo tras de sí con vibrantes tonos rojos, naranjas, púrpuras y amarillos.

La Agente Josephine Creed estaba sentada en un banco del parque, mirando el atardecer. Tararea una melodía para sí misma mientras un hombre familiar con un gran abrigo marrón se sentaba a su lado, sosteniendo un maletín en su regazo.

"Agente Creed", dijo mientras miraba el cielo. "Bienvenida de vuelta a Portlands".

"Alguien que conocí en mi primer viaje a aquí me dijo que nadie puede quedarse lejos mucho tiempo", respondió Creed. "Me alegro de verte de nuevo también, Agente Gibson".

"Palabras muy ciertas", asintió con su cabeza Gibson, abriendo su maletín y mirando el contenido. "Así que, finalmente comenzaron a vigilar el Noroeste, ¿eh? ¿Se quedarán aquí por un rato?"

"Dado el potencial de Three Portlands de derrame algún día en el mundo real, consideramos que eso es necesario", dijo Creed. "Entonces, ¿Lo trajiste?"

"Todos los Caminos catalogados dentro de Three Portlands, y donde se conectan con la realidad base". Gibson le entregó una carpeta sin marcas. "Si van a quedarse a vigilar que las rarezas se mantenga en su jaula, este tipo de información les será crucial. Tengan en cuenta que no les estamos diciendo cuáles son las llaves. No es necesario que abran una puerta para ver quién entra y sale por ella".

Creed asintió y colocó la carpeta en su bolso. Luego le entregó un gran sobre sellado a cambio. "Como les prometimos, cinco objetos anómalos menores con propiedades anti-taumatúrgicas, uno de los cuales pasa y resulta que es un muñeco cabezón de Richard Nixon".

"¿Y ese qué hace?", preguntó Gibson con una sonrisa mientras colocaba todo dentro de su maletín.

"Los taumaturgos en su presencia no pueden mentir".

"Inteligente".

"Bastante", rió Creed, y luego volvió a dirigir su mirada hacia la puesta de Sol. "Es gracioso. Tom McCall patrocinó a Vortex para sacar a los hippies de Portland porque Nixon iba a asistir a esa reunión de la Legión Americana. Luego, Nixon terminó cancelando su aparición. Si Nixon no hubiera decidido aparecer desde el principio, Vortex nunca lo hubiera hecho, y nunca nos hubiéramos encontrado en este lugar. Así que, de cierto modo, podemos echarle la culpa al Presidente por esta pequeña brecha".

"El Tricky Dicky lo hizo de nuevo", rió Gibson también. Luego se llevó dos dedos a su oreja y golpeteó su reloj. Frunció el ceño, y luego se levantó y preparó para irse. "Ya que tú y tus colegas estarán por aquí un buen rato, debo advertirles algo. Sean cuidadosos. Este lugar se pega en la gente. No creo que quieras perder el contacto con la realidad por estar empapada en todas estas maravillas".

"¿Hablas en serio...?", Creed levantó una ceja. "Wow..."

"Como el cáncer", respondió Gibson. Su sonrisa se convirtió en un fruncir de ceño. "Todo en exceso hace mal".

"Gracias por el aviso", dijo Creed. "Se aprecia".

"No hay de qué", Gibson se despidió haciendo un gesto con su sombrero. "Parece que no éramos tan UIInútiles después de todo".

"No sueñes tanto", rió Creed entre dientes, y vio como su contacto desaparecía.

"Ella se dio la vuelta para centrar su atención en la puesta de Sol y respiró hondo. El olor a pinos y sal marina llenó sus fosas nasales. A lo lejos, un grupo de personas volaba por el horizonte en escobas. Cerca, un par de jóvenes de aspecto amigable realizaban un espectáculo de magia para un grupo de niños, haciendo que fantásticas figuras de luz y sonido bailaran para la diversión de los pequeños. La música distante se podía escuchar entre el ajetreo y bullicio de la gente de todo tipo que disfrutaba la luz moribunda del día."

"No puedo imaginar por qué alguien querría quedarse aquí", dijo Creed para sí misma con una pequeña sonrisa, y luego comenzó su viaje de regreso al Camino. Necesitaba presentar al nuevo Sitio de La Fundación sus hallazgos.

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