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Estaba lloviendo intensamente fuera del Sitio-84, era un aguacero torrencial. Siempre parecía llover en el Monte Rainier y el Noroeste del Pacífico, pero esa noche lo hacía especialmente fuerte. La radio había crepitado antes de sintonizar las noticias que advertían de una inundación en el parque, y parecía que ese podría ser el caso.

Solo habían dos miembros del personal de La Fundación en el Sitio, el número habitual. Llamarlo un Sitio como tal era un poco inapropiado, ya que no era más que una cabaña bien amueblada y moderna dentro del bosque. Solo contenía una anomalía, además.

"¿Cuánto tiempo tardará en aparecer?"

"Te estás poniendo impaciente".

"He estado aquí, sentado en esta cabaña, durante tres semanas. Me dijeron que aparecía con frecuencia, pero solo lo he visto una vez".

"He estado haciendo esto por casi diez años. Aparece cuando quiere, y lo hará en su momento. No es tuyo, ni de nadie. A veces ha estado fuera por meses".

"¿Meses? ¿Podría estar esperando meses más?"

"Cálmate, chico, y solo disfrútalo. Esta es una de las asignaciones más cómodas en La Fundación. Sentarse en una pequeña cabaña y recoger un cadáver cada cierto tiempo y enviarlo a otro Sitio si es diferente. Nada difícil".

Un destello de luz inundó la cabaña. Un Mississippi. Dos Mississippi. Tres Mississippi. Cuatro Mississippi. Cinco Mississippi. El sonido de un trueno resonó en todos lados, interrumpiendo la conversación por un momento. A solo una milla de distancia. Probablemente golpeando algún lugar del parque.

"¡No pasé el entrenamiento de fuerza operativa para esto!"

"Yo solía ser un Director de Sitio, ¿sabías eso?"

El hombre más viejo se levantó y se alejó hasta las ventanas, mirando la lluvia. Se dirigió a la chimenea y ajustó las llamas. Agarró otro tronco y lo colocó entre los demás, esperando que se incendiara.

"No inventes, ¿dónde?"

"Sitio-64, en Portland".

"Ese es uno grande. ¿Cómo terminaste aquí entonces?"

"Este es mi retiro, chico. Me cansé del trabajo de Director, y entregué mis dos semanas. Tenía dos opciones - amnésicos o un trabajo cómodo".

"¿No quisiste los amnésicos?"

"Sé de dónde vienen los amnésicos. No es lindo".

Una suave alarma comenzó a sonar desde las computadoras en la pared más lejana de la cabaña. Ambos hombres cruzaron miradas. Pasando entre los monitores se encontraba una figura alta y pálida con un cuerpo colgando de su espalda. No estaba vestido para la lluvia, y caminaba fatigado.

"Allí esta".

Los dos se acercaron a los monitores y observaron el procedimiento del ritual. El cazador arrojó a su esposa muerta a la hoguera y luego le derramó encima una botella de whisky. Se detuvo y comenzó a beber un poco antes de arrojar un fósforo en la hoguera.

El cuerpo se incendió donde otras tantos habían sido quemados. El extraño observó todo, como lo había hecho ya cientos de veces, hasta que se cansó de mirar las llamas. Sacó un cuchillo de su túnica e hizo una marca en el suelo. Una vez realizada su tarea, la figura abandonó la escena.

"Ve a buscar el cadáver".

"¿Con esta lluvia?"

"Necesitamos recoger el cadáver antes de que se queme por completo. Yo iría si fuera tu".

El más joven agarró su impermeable y se preparó para salir a la tormenta que le enfrentaría afuera. Salió corriendo al diluvio, corriendo a lo largo del camino fangoso que conectaba el Sitio-84 con el pozo de fuego. Era un camino que había recorrido antes, pero solo por práctica; nunca para nada real.

Llegó hasta el cuerpo después de unos minutos y agarró un cubo de agua. La lluvia ya había llenado el cubo hasta el borde, negando la necesidad de utilizar el pozo. Arrojó el agua sobre el cadáver y bajo al pozo para sacarlo.

Su radio crepitó, enviándole un mensaje de su superior. La lluvia estaba jugando con la señal, por lo que solo podía escuchar fragmentos.

"Yep, as soon as I get the body."

"Oye... tro. Él... va... viene..."

"¿Qué dices? No puedo oírte".

"Vuelve... al Sitio...".

"Aye, tan pronto como saque el cuerpo".

El más joven levantó el cuerpo sobre sus hombros y se levantó de la hoguera. Cuando salió del suelo, el albino sangrante se encontraba frente a él. Los dos estaban inmóviles, mirándose el uno al otro. La entidad abrió la boca y habló.

"Pensé que habían personas que la estaban sacando. Realmente no me importa, solo vine aquí por mi cuchillo".

El agente no respondió. La entidad se inclinó y recogió el cuchillo que había dejado en el suelo. Se dio la vuelta un poco y le mostró el arma al otro hombre.

"Es un buen cuchillo".

El más joven mantuvo sus ojos entrenados en la anomalía hasta que regresó al bosque y, luego espero por cinco minutos. Solo cuando estuvo seguro de que estaba a salvo, emprendió la marcha en medio de la oscura y tormentosa noche.

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