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Otro día, otra mañana - La Doctora Grey se levantaba de su cama.

Casi triste, casi alegre. Un sueño no la dejaba elegir.

El dolor de cabeza no ayudaba tampoco.

Con unos gruñidos, y sin molestarse en asear su cuerpo, cubierto de sudor por las pesadillas, resumió su eterna lectura. Al menos le parecía eterna.

Quizá era demasiado; mil doscientos veintisiete documentos de investigación en ese-ce-pe-cero-cincuentaycinco. Demasiado números. Casi había olvidado por qué trabajaba.

Pero ya volvía la consciencia a ella, y el estímulo del descubrimiento encendía su cerebro otra vez.

Habían sido dos meses.

Hace dos meses, se había creído capaz de descifrar la naturaleza de un objeto que se borraba automáticamente de tu cerebro. Así que, deseosa de recompensa y éxito, y sobre todo, una marca para ser recordada, pidió la oportunidad de enfrentarse a lo imposible.

La primera semana fue difícil, ponerse notas de todo a cada rato, y empezar a luchar contra el dolor de cabeza.

Sin embargo, de a poco, la naturaleza del misterio iba aclarándose. Una pista o dos primero. No era una esfera, no era una pirámide. 

Lo sobrenatural siempre cedía a la tenacidad del hombre. Siempre lo había hecho, siempre lo haría. 

Pero entonces llegaron las pesadillas.

Podía ver el vacío a sus pies, y sus amados cayendo dentro con ella, insensibles a su situación.

"Por favor, dime que sabes mi nombre. Soy Grey, ¿No me recuerdas?"

"Nunca jamás te he visto"

Y se despertaría sudando, aterrorizada ante la perspectiva. Pero su tenacidad era demasiada, y la fuerza del hombre, o en este caso, mujer, no cedería ante nada. Ni siquiera ante el terror.

Y se despertaría sudando, aterrorizada pero tenaz, temblorosa pero decidida, a seguir mirando el vacío, tratando de distinguir qué había en el fondo.

"SCP-055 causó una brecha de contención [CENSURADO] muerte de gran parte del personal. Se descubrió su debilidad a el aislamiento electromagnético. Procedimientos Especiales de Contención adaptados a este nuevo descubrimiento".

"El efecto anómalo de SCP-055 toma lugar únicamente cuando se intenta recordar directamente su naturaleza. Si se lo define, por el contrario, por lo que no es, deducirla se hace mucho más fácil"

Con este método estaba avanzando.

"No es un espejo. No es una esfera. No es una pirámide. No es un O5. No es un lápiz. No es Euclid. No es jabón. No es una letra. No es un cable."

La lista se extendía por varios metros.

Y de a poco, la información se establecía en su mente, demasiado profundo para ser arrancada y olvidada. 

De repente, la euforia la asaltó.

"¡055 es...!"

Las palabras no salieron de su boca, pues la voz se le había quebrado de emoción. Su deshidratación no ayudaba a modular correctamente las palabras, así que alguien que hubiera escuchado simplemente pensaría que Grey había dicho "Quiero cincuenta y cinco es...". 

Se apresuró a escribir lo que había descubierto. Sin importar el dolor, sin importar el miedo, sin importar el abismo a sus pies.

"Investigadora G-"

Se detuvo en seco, casi sin pensarlo.

"¿Investigadora G...? ¿G...?"

"¿Cuál era su nombre?"

"¿Gale, Gordon, Gertrude...? No."

"¿Quién era?"

Desesperada, pudo entender al fin su error fatal. Al fondo del abismo había un espejo, y el espejo la estaba mirando.

El abismo la miraba. Y ella se volvía abismo. Y sólo quedaba el espejo.

Ya casi no existía. El espejo real, en su habitación, mostraba a nadie.

No hay nadie en el espejo. No hay nadie en el espejo. No hay nadie en el espejo.

Arrancada de sí, gritó de dolor, y miedo.

Nadie escuchaba.

El perro que estaba en su habitación no escuchaba.

El tipo que pasaba por ahí no escuchaba.

El olvido se había asentado en ella, se había vuelto olvido. Vacío.

Pero era demasiado tenaz.

Quedaba sólo ella en el espejo, distorsionada, oscura. Ella en el vacío. Ella era el vacío.

Gritó, pidiendo ser escuchada. Pero no había boca con la cual gritar.

El vacío recordaba, desesperado como aquella que había dejado ya de ser.

Intentó tomar lo que era, quizá para recordar.

Arañó todo lo que era suyo. Lo rompió, lo corrompió, pero no lo pudo agarrar. No había nadie en el espejo.

No podía ser, pero se aseguraría que los demás siguieran siendo.

Bailando en las redes del espacio vacío, tomó todo lo que pudo. Todas las referencias al vacío. Cero-cincuenta-y-cinco. Eso y un impulso de destrucción era casi todo lo que quedaba.

El vacío vio otro vacío, con otro nombre. Cinco-siete-nueve. También destruiría eso.

Los minutos eran horas, las horas eones, los eones eras, y las eras segundos.

Y en todo ese tiempo, no pudo destruir todo. No llegaba al cinco, pero destruiría lo de cuatro hacia abajo. Porque era cuatro, y cuatro sería. ¿Pero qué era cuatro? ¿Cuatro vientos, cuatro estaciones, cuatro puntos cardinales? ¿Cuatro patas, cuatro ojos, cuatro brazos? Cuatro pisos. Y no tenía la llave al quinto.

Mirando hacia adelante, alguien más miró al abismo. Otro.

Se interpuso entre él y el abismo más oscuro, para que no viera el espejo.

Él veía el abismo más brillante ahora, y su mente veía los patrones. Patrones gritando. Patrones suplicando. Pero patrones que casi-existían. Odiaban existir, odiaban. Pero tenía su misión.

La mirada, el pensamiento, llenaban el vacío, casi le permitían vivir. El espejo reflejó los pensamientos de él.

Tomó los pensamientos de él, delicadamente, y los partió. Le dolía, así que el vacío brillante sería dolor. Sufría, así que el vacío brillante sería sufrimiento. Angustia. Sería lo que debería ser, lo que el espejo reflejara, los patrones gritando que vieran. Pero taparía el abismo más profundo, sí lo haría. No era nada, pero sí haría algo. Lo que sea para que no hubiera dos abismos brillantes.

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