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En los tiempos en los que fue plantado el Árbol del Conocimiento, todas las cosas recibieron forma. Incluso las aguas más profundas de la Oscuridad de Abajo y las bóvedas de la Oscuridad de Arriba tomaron forma, y formaron a muchos dioses mayores. Entre estos dioses, cuyos nombres a menudo fueron olvidados, estaba Khahrahk.

Khahrahk no fue el más grandioso en su formación: de hecho, era pequeño. Se arrastro por la oscuridad del gran abismo, pero a diferencia de sus hermanos y hermanas, se conocía a sí mismo y conocía el abismo. Tan bendecido como maldito por este conocimiento, sintió dolor y soledad, y miró mas allá de las profundidades: pero los pensamientos sobre la luz y la sombra del Árbol le dolían más. La existencia era dolor, y él no quería ser parte de eso. Sería mucho mejor no existir. Sería mejor que no todas las cosas existieran.

Bajo este pensamiento, él consumió a sus hermanos y hermanas, y creció fuerte en sus esencias. Este acto es el primer pecado de Khahrahk, causándole más dolor entre más crecía. Tanto que se volvió ciego por su dolor. Tan grande era su despecho y tan grande su absoluto odio, que maldijo a la Creación y a su Creador, y juró destruir el Árbol y todo aquello que sostenían sus ramas y raíces.

Se abrió paso con sus garras a su trono sobre los huesos de sus compañeros dioses en esos eones oscuros. Muchos otros dioses nacidos de la Oscuridad de Abajo murieron en estos tiempos, o eligieron abandonar los reinos sombríos para trabajar dentro de la Creación. Los que permanecieron se volvieron viejos y poderosos, pero estaban sujetos a la subyugación por parte de Khahrahk.

Cuando ya no había más dioses que subyugar en los reinos inferiores, Khahrahk se declaró a sí mismo como el Rey de la Oscuridad de Abajo, y más tarde tomo el nombre de Khnith-hgor, estableciendo los limites de su reino. Este reino lo construyó para llevar una desesperación total a aquellos que vivieron en la armonía del Árbol y sus raíces y ramas, para compartir su dolor con la Creación mientras la destruye. El mismo desvió muchas almas a su reino, liberándolas de un dolor incalculable y dejándolas descansar en paz en la oscuridad.

Con las fronteras de su reino establecidas, el Rey declaró la guerra. Sus siervos, aquellos nacidos de la Oscuridad de Abajo y caídos al servicio del Rey, surgieron de su reino, y explotó una guerra contra la Creación. Esta guerra continua hasta el día de hoy, y no terminará hasta el fin de todas las cosas.

De los dioses que el Rey había subyugado, Sanna era considerada la más sabía y bella. Ella no permanecía en el reino del Rey voluntariamente, su escape fue evitado por circunstancias. Ella obedecía al Rey con su palabra, pero no con su alma, y por esta bondad es que ella se encuentra de luto.

Con la guerra declarada, el Rey tomó a Sanna por la fuerza, y se acostó con ella durante siete días y siete noches, hasta que la Madre de los que se encuentran debajo de nosotros se rompió debajo del Rey. Cuando esto acabó, él se levantó bañado en su sangre, y desde ese momento se le conoció como Shormaush Urdal - El Rey Escarlata.

Siete hijas nacieron por parte de Sanna, siete hijas del Rey Escarlata emergiendo de su útero roto. El Rey vio esto, y las tomo por la fuerza para ser sus novias. Sobre las siete novias, el Rey puso siete sellos, para que nunca murieran como Sanna lo había hecho. Con ello, el Rey dio lugar a siete rangos de abominaciones, siete órdenes de Leviatanes que se convirtieron en sus sirvientes más queridos. Que marchan en la primera línea de su guerra.

De los siete, esto se puede decir:

La primer novia fue A’tivik. Ella era querida por el Rey, aunque sus hijos eran pocos. Por su lealtad, sus hijos fueron mucho más sabios que todos los demás, y conocían bien los caminos de la guerra, guiando con sus manos la batalla y conduciendo a la victoria.

Su sello era vaduk, "dominio", porque así como ella buscaba el dominio, entonces ella estaba dominada.

La segunda novia era A’ghor. Un gran agujero se rasgó en su alma, uno que ella no podía llenar, entonces se desesperó y lloró. Dio a luz muchos hijos, sus hijos se convirtieron en ejércitos formando una marea inimaginable, para salir y conquistar.

Su sello era kiffen, "anhelo", porque ni el Rey ni sus hijos podían proporcionarle lo que ella buscaba.

A’distat fue la tercera novia. Ella sentía un gran odio hacia sus hermanas y traía ruina a todo lo que viera, incluso blasfemando suelos sagrados. Sus hijos cabalgan para declarar el triunfo del Rey, ahogando los campos de batalla con sangre y cenizas, esparciendo peste y miedo a su paso.

Su sello era hezhum, "desolación", porque fue desnudada, y los surcos de su alma fueron salados.

A’zieb, la cuarta novia. Ella era vasta y poderosa, terrible de contemplar, tomando la forma de una gran bestia. Sus hijos eran como ella; no temían a ningún arma ni hechizo mágico, ya que sus heridas se curaban y sus pieles eran impenetrables.

Su sello era ba, "ira", porque por su odio ella siempre estaba en conflicto.

La quinta novia era A’nuht. Ella era fuerte de mente, aunque frágil de cuerpo. Sus hijos fueron sabios en el camino de la magia, y esparcieron gran destrucción. Pero debido a su poder, el Rey los discapacitó para que no se levantaran contra él.

Su sello era ner, "falta", porque su sed y la sed de sus hijos nunca pudo ser saciada.

A’tellif fue el nombre de la sexta novia. Ella nunca habló y mantenía todo privado. Sus hijos podían cambiar sus rostros y moverse sin ser vistos, pudiendo así caminar entre la Creación desconocida. Abrieron Caminos entre mundos, e hicieron un camino para que la guerra se extendiera.

Su sello era usheq, "escondida", porque ella se encontraba perdida entre las sombras.

La séptima era A’habbat. Ella era la más pequeña y la más débil de las siete, pero no fue rota completamente por el Rey, y se horrorizaba por su estado. Sus hijos caminaron en dos piernas, y fueron poderosos cazadores y héroes: ella les enseñó todo eso en secreto, con la esperanza de que podrían destruir a los hijos de sus hermanas y derrocar al Rey. Sus hijos son pocos y han fallado.

Su sello era xokib, "esperanza", porque estaba condenada esperar lo que no podría lograr.

Con las siete novias selladas por siempre, las legiones de sus hijos se dispersaron y agregaron fuerza a la guerra. Los mundos que se habían resistido a los oscuros dioses del Rey cayeron bajo el peso de un asalto incesante. Las raíces del Árbol se pudrieron y se infectaron con los engendros del Rey. Los Caminos se volvieron traicioneros y envenenados, haciendo que los viajes solo fueran hechos por los benditos, los valientes, y los locos. El Rey engordaba con las almas malditas y los Lugares de Descanso disminuyeron: Pocas almas pudieron escapar de ese destino, pero incluso en la muerte muchos luchaban.

Muchos dioses se pusieron al servició del Rey: La maquinaria chirriante de La Fábrica, que lo consumía todo, transformó su fuerza insensata en sangre y acero. El Rey de las Horcas, el que fue colgado, rompió el conocimiento del Árbol desde adentro. El Príncipe de Muchas Caras distorsionó las voluntades de los mortales, y Moloch, el Enastado, sacó a relucir su vergüenza. Muchos más cuyos nombres han sido borrados también le sirvieron. Los muchos sirvientes mortales del Rey recrearon el establecimiento de su linea en una efigie viviente.

No ha de ser dicho que el Rey no tuvo oposición en sus conquistas. Muchos dioses entre los héroes y entre los mortales contraatacaron las invasiones de sus mundos, sirviendo bajo innumerables logos y banderas. Pero cayeron, a su tiempo, y sus edades ahora son pasadas, como lo es su polvo y sangre.

El Rey y sus ejércitos se acercan a las Raíces Primarias, a los mundos centrales, con toda su ira, y con todo rencor. Él se extiende para corromper, consumir y destruir. Incluso ahora su presencia se siente. El tiempo se escapa. La Diosa de Bronce está quebrada y la Serpiente ha huido. Los héroes han escapado. Los hijos de A’habbat han sido asesinados sin excepción. Los sirvientes del Rey ya están aquí, alfombrando el camino para su llegada.

Con esta llegada, el Árbol morirá, y toda la Creación morirá con este.

En lo alto, los hermanos de la Muerte observan como se despliega la guerra, flotando sobre las profundidades. Como siempre lo han hecho.

Ellos conocen el resultado de la guerra, porque ellos son el final de todas las cosas, pero no hablan de eso.

No hay mucho qué decir.

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