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Everett, mi buen amigo. Por favor... siéntese. No, insisto.

Es hora de que tengamos una charla, nosotros dos. No, creo que es el momento perfecto. No es como si fuéramos a tener otra. No por como están las cosas actualmente. Tenemos un posible plan, pero no creo que Stimson tenga éxito. Él no es el cuchillo más afilado del cajón, ¿sabes? Para nada... para nada...

Verás, amigo mio, te entiendo. Te entiendo perfectamente. Todos piensan que varias tu actuar entre un pecador y un santo, que tu de algún modo entiendes algo especial acerca de nosotros, que podrías ser el próximo sucesor lógico de uno de nosotros... Pues tienen razón, en cierto nivel. Ciertamente eres apasionado. Pude ver que siempre hiciste lo que sea por mantener en pie la misión de La Fundación. Lo que sea.

Deberías haberlo hecho ya, Everett. Deberías haber encontrado a los trece de nosotros ya, sacar un arma, y dispararnos en la cabeza. No pretendas que no lo habías considerado ya. Sé que tienes planes para cada uno de nosotros, los cuales tendrían un éxito moderado. Probablemente hasta ya hayas matado a la mayoría de ellos. Probablemente. A mi no, sin embargo. Aunque no es que me importa, la verdad.

Pero ahora ya es demasiado tarde. Demasiado, demasiado tarde. Dejamos que las cosas siguieran por demasiado tiempo. Dejamos que la bola de nieve caiga de la colina demasiado. No dudo que lucharás hasta el final. Me suenas a esa clase de persona, honestamente. Admirable. Una de las pocas cosas admirables de ti, la verdad.

¿Sabes cuando me di cuenta de que no era Dios, Everett? Te lo diré. Fue cuando me dejaron traer a mi hijo de vuelta. ¿Sabes cuánto tiempo me tomó llegar a ese punto? ¿A ese punto de mi vida? No envejezco, Mann. Quizá y hasta nunca muera, si todo va bien. Quería una familia... que tonto de mi parte, ¿No crees? Querer una familia. Tenía una. Ellos la alejaron de mi. Uno a la vez. TJ, Elliot, Jack... pobre Jack.

¿Cuándo lo descubriste por primera vez, Everett? ¿Qué estábamos haciendo realmente?

Je. Supongo que tiene sentido. La Insurgencia siempre fue nuestro mayor agujero. Nunca pude encontrar una manera de explicarlo... Agatha trató algunas veces, pero... Ahh, bueno. No tiene sentido, supongo... ¿Y cuando te diste cuenta que nosotros estábam—

¿En serio? Hmm... Bueno, ya es demasiado tarde como para que me importe. Sean quienes sean, ya lo han hecho. Lo que sea que llamemos avanzar a través de esa maldita grieta en la armadura del universo. ¿Y quieres saber cual es la mejor parte, Doctor? No me arrepiento de nada.

De nada, Everett. Ni de ese ridículo lagarto y su cría, ni de esos pequeños cangrejos que parten y cortan todo como si nada, ni los locos, ni los demonios en los pasteles—¡Los putos pasteles! ¡Estábamos intentando alimentar al mundo, Mann! ¡Nunca nos dimos cuenta de lo que estábamos haciendo! ¡Nunca ibamos a darnos cuenta de los que estábamos haciendo! ¡NUNCA!

Simplemente... no nos dimos cuenta... Queríamos hacer del mundo un lugar mejor, y entonces... todo se vino abajo. Las cosas siempre se vienen abajo...

Si, lo sé. Estoy completamente loco. Todos lo estábamos. Tenemos que estarlo, por lo que hicimos. Pero eramos locos con un propósito. Creación... dichosa y gloriosa creación. Eramos Dios en el jardín de edén, Everett. Y teníamos tantas ganas de que te nos unieras. Tenías tantas ideas fantásticas... ¿Por qué? La iniciativa Thaumiel que proponías era pura brillantez...

Pero es demasiado tarde, Everett. Demasiado tarde. Y ahora... bueno, sé que guardas tu pistola en el cajón superior izquierdo. ¿Podrías? ¿Al salir?

Gracias, amigo mio. Y trata de disfrutar los últimos momentos que te quedan. ¡Ira, amigo mio! ¡Ira contra la muerte de la lu—

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